Pero siempre escribí

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Big Bang

Yo soy de esas personas que ponen la felicidad por sobre todo. Le tengo pánico a la tristeza, tal vez porque la conozco bien.
Tengo ambiciones, por supuesto, pero ninguna involucra cajas fuertes llenas de joyas, y me animo a decir que ni siquiera cumplir esa fantasía humana de la perfección digna de película.

Mi meta principal, es valga la redundancia, ser feliz.

Y ahí llega la pregunta crucial, esa que mueve al mundo (perdonen lectores científicos/religiosos, pero me tomo el atrevimiento de considerarla una pregunta cuya respuesta es más importante aún que la de la comprobación de sucesos tales como el big bang).

¿Cómo alcanzamos la felicidad?

Antes pensaba que para ser feliz se necesitaban muchas cosas, todas exteriores. Desde objetos hasta personas, yo veía la felicidad como algo que debía adquirir. Resulta ser que, la felicidad es un sentimiento inexplicable, que se encuentra dentro nuestro.
La felicidad está en los asados de domingo (para todos los gustos, vegetarianos son bienvenidos), pero también está en las lagrimas en el piso del baño, en la soledad de las persianas bajas y las miradas perdidas.
Lo que nos hace felices no es la constante presencia de la alegría, es la determinación de seguir adelante, de superar, de continuar, de vivir.
Porque al fin y al cabo la felicidad es un poco eso; los domingos, las canciones, las lagrimas...

La vida.

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