Pero siempre escribí

sábado, 11 de junio de 2016

Ausencia

El momento adquirió una frialdad digna de un quirófano, y vos, y yo, estábamos tendidos en la camilla esperando a que nuestro monitor de vida se apague bruscamente. O que tal vez suceda algo merecedor de llamarse milagro y volvamos a la vida.
Pero yo nunca fui muy afortunada, y a vos no parecería importarte serlo, por lo que el final fue una simple última bocanada de aire y luego el silencio. Ese maldito silencio que nos dio tanta felicidad y tanta tristeza de forma tan similarmente opuesta.
Nuestra rutina de amor frenesí y odio incalculable se disipó transformándose en nada más que la no existencia, la triste y nueva realidad de la falta de algo. Le di la bienvenida a la nostalgia, vieja amiga, y me sumergí. Me sumergí en la ausencia, pero también en la novedad, en las nuevas primeras veces sin tu compañía.


Vos seguís siendo tan vos, solamente que menos vos, porque ahora te falta una parte tuya, yo. Salvo que yo siempre fui mía y vos, bueno vos, nunca tuve la dicha de saber que fuiste.

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